Lecturas del día jueves 5 de noviembre de 2026: Evangelio de la oveja perdida
Primera lectura: Filipenses 3, 3-8a
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Filipenses.
Hermanos, los que adoramos a Dios movidos por su Espíritu y ponemos nuestra confianza en Jesucristo somos quienes comprendemos el verdadero sentido de pertenecerle. No fundamentamos nuestra seguridad en los reconocimientos exteriores ni en nuestras propias credenciales.
Si alguien pudiera presumir de sus antecedentes, Pablo tendría motivos de sobra: fue circuncidado al octavo día, pertenecía al pueblo de Israel y a la tribu de Benjamín; era hebreo de nacimiento y, respecto a la Ley, fariseo. Su celo lo llevó incluso a perseguir a la Iglesia, y se consideraba irreprochable en el cumplimiento de la Ley.
Sin embargo, todo aquello que antes veía como una ganancia pasó a ocupar un lugar secundario por amor a Cristo. Más aún, considera que nada se compara con el valor inmenso de conocer a Jesucristo, su Señor.
Paráfrasis pastoral de Filipenses 3, 3-8a.
R. Que se alegren los que buscan al Señor.
Canten al Señor y recuerden sus maravillas. Hablen de sus obras y alégrense de pertenecerle; que el corazón de quienes lo buscan se llene de esperanza.
R. Que se alegren los que buscan al Señor.
Acudan al Señor para recibir fortaleza y busquen siempre su presencia. No olviden las maravillas que ha realizado, sus signos y la sabiduría de sus decisiones.
R. Que se alegren los que buscan al Señor.
Descendientes de Abraham, su servidor, hijos de Jacob, su elegido: el Señor es nuestro Dios, y su justicia alcanza toda la tierra.
R. Que se alegren los que buscan al Señor.
Paráfrasis original del salmo para la meditación.
Evangelio del día: Lucas 15, 1-10
Lectura del santo Evangelio según san Lucas.
Los publicanos y otras personas consideradas pecadoras se acercaban a Jesús para escucharlo. Al verlo, algunos fariseos y maestros de la Ley murmuraban porque recibía a esas personas y compartía la mesa con ellas.
Jesús les contó entonces una parábola: si un pastor tiene cien ovejas y pierde una, ¿no deja a las noventa y nueve en un lugar seguro para ir en busca de la que se extravió? Cuando la encuentra, la carga con alegría sobre sus hombros. Al llegar a casa, llama a sus amigos y vecinos para compartir la felicidad de haber recuperado a su oveja.
Jesús explicó que también hay alegría en el cielo por un pecador que se convierte.
Luego propuso otro ejemplo: una mujer tiene diez monedas y pierde una. Enciende una lámpara, barre la casa y busca cuidadosamente hasta encontrarla. Cuando la recupera, invita a sus amigas y vecinas a alegrarse con ella.
Así también, dijo Jesús, hay alegría entre los ángeles de Dios por una persona que se arrepiente y vuelve a Él.
Paráfrasis pastoral de Lucas 15, 1-10.
Reflexión sobre la primera lectura
San Pablo tenía una historia, unos méritos y una identidad que consideraba importantes. Pero el encuentro con Jesús transformó su manera de valorar las cosas. Descubrió que la relación con Cristo era más valiosa que el prestigio y la seguridad de sentirse superior a los demás.
Esta lectura nos invita a revisar en qué apoyamos nuestra confianza. Podemos tener responsabilidades, conocimientos y logros legítimos; el problema comienza cuando creemos que eso nos hace más dignos del amor de Dios. Ante Él no necesitamos competir: necesitamos abrir el corazón.
Hoy preguntémonos: ¿qué lugar ocupa Jesús en mis decisiones? ¿Qué orgullo me impide reconocer que también necesito su misericordia?
Reflexión sobre el salmo
Buscar al Señor no es una tarea reservada para quienes nunca se equivocan. Es el camino de quienes reconocen su necesidad de Él. El salmo nos invita a recordar sus obras y a agradecer las veces que encontramos consuelo, claridad o fuerzas para continuar.
Cuando la fe se debilite, recordar la fidelidad de Dios puede ayudarnos a recuperar la esperanza. A veces, volver a orar comienza con una frase sencilla: «Señor, aquí estoy».
Aclamación antes del Evangelio
Aleluya, aleluya. Vengan a mí todos los que están cansados y agobiados, y yo los aliviaré, dice el Señor. Aleluya. (Cf. Mateo 11, 28).
Reflexión del Evangelio: Dios no deja de buscarnos
En el Evangelio de hoy, Jesús responde a quienes critican su cercanía con los pecadores. En lugar de excluir a las personas por sus errores, revela el corazón de un Padre que sale a su encuentro. La oveja extraviada y la moneda perdida son imágenes del valor que cada persona tiene ante Dios.
La parábola no nos dice que nuestros errores carezcan de importancia. Nos enseña que el arrepentimiento es posible y que la misericordia abre un camino de regreso. La conversión no nace únicamente del temor a un castigo: también puede brotar de descubrir cuánto somos amados.
Hay momentos en los que nos alejamos de la oración, descuidamos nuestros vínculos o tomamos decisiones de las que después nos arrepentimos. Entonces podemos pensar que ya es demasiado tarde. Jesús nos dice lo contrario: Dios no se cansa de invitarnos a volver.
La alegría del pastor y de la mujer que encuentra su moneda también nos interroga. ¿Sabemos alegrarnos cuando alguien cambia para bien? ¿Ofrecemos oportunidades de reconciliación o seguimos definiendo a los demás por sus errores? Quien ha experimentado la misericordia está llamado a practicarla.
Propósito para este jueves
Dedica unos minutos a hablar con Dios con sinceridad. Si te has alejado de la oración, retómala hoy sin esperar a sentirte perfecto. Si hay alguien a quien has juzgado con dureza, pide la gracia de mirarlo con más comprensión.