Busca un momento de calma
Encuentra un lugar donde puedas estar presente y sin prisas.
Una guía sencilla para hacer de la oración un encuentro personal con Dios.
Encuentra un lugar donde puedas estar presente y sin prisas.
No necesitas palabras perfectas. Exprésale lo que sientes con confianza.
Lee el Evangelio o una lectura del día y deja un momento de silencio.
Termina poniendo en sus manos tus preocupaciones y a las personas que amas.
La oración no necesita ser larga ni perfecta. Puedes empezar con una frase sencilla, permanecer unos minutos en silencio o leer despacio un pasaje del Evangelio. Lo importante es acercarte con sinceridad y dejar espacio para escuchar, agradecer y presentar aquello que estás viviendo.
Si un día te distraes o no sientes nada especial, eso no significa que hayas orado mal. Puedes volver a comenzar con calma y constancia.