Lecturas del 18 de agosto de 2026
Primera lectura: Ezequiel 28, 1-10
1. Y fué á mí palabra de Señor, diciendo:
2. Hijo del hombre, di al príncipe de Tiro: Así ha dicho el Señor Señor: Por cuanto se enalteció tu corazón, y dijiste: Yo soy un dios; en la silla de Dios estoy sentado en medio de los mares, siendo tú hombre y no Dios, y pusiste tu corazón como corazón de Dios;
3. He aquí que tú eres más sabio que Daniel; no hay secreto que te sea oculto;
4. Con tu sabiduría y con tu prudencia te has juntado riquezas, y has adquirido oro y plata en tus tesoros;
5. Con la grandeza de tu sabiduría en tu contratación has multiplicado tus riquezas; y á causa de tus riquezas se ha enaltecido tu corazón.
6. Por tanto, así ha dicho el Señor Señor: Por cuanto pusiste tu corazón como corazón de Dios,
7. Por tanto, he aquí yo traigo sobre ti extraños, los fuertes de las gentes, que desenvainarán sus espadas contra la hermosura de tu sabiduría, y ensuciarán tu esplendor.
8. A la huesa te harán descender, y morirás de las muertes de los que mueren en medio de los mares.
9. ¿Hablarás delante del que te mate, diciendo: Yo soy Dios? Tú, hombre eres, y no Dios, en la mano de tu matador.
10. De muerte de incircuncisos morirás por mano de extraños: porque yo he hablado, dice el Señor Señor.
Palabra de Dios.
Texto bíblico: Reina-Valera 1909, edición de dominio público.
Reflexión de la lectura
El príncipe de Tiro confunde éxito con divinidad. La riqueza y la inteligencia se vuelven peligrosas cuando alimentan la ilusión de que ya no necesitamos a nadie.
La humildad no niega nuestros logros; los pone en perspectiva. Seguimos siendo personas limitadas, dependientes y responsables del uso que damos a nuestros dones.