Evangelio según san Lucas 4, 31-37 — 1 de septiembre de 2026
31. Y descendió á Capernaum, ciudad de Galilea. Y los enseñaba en los sábados.
32. Y se maravillaban de su doctrina, porque su palabra era con potestad.
33. Y estaba en la sinagoga un hombre que tenía un espíritu de un demonio inmundo, el cual exclamó á gran voz,
34. Diciendo: Déjanos; ¿qué tienes con nosotros, Jesús Nazareno? ¿has venido á destruirnos? Yo te conozco quién eres, el Santo de Dios.
35. Y Jesús le increpó, diciendo: Enmudece, y sal de él. Entonces el demonio, derribándole en medio, salió de él, y no le hizo daño alguno.
36. Y hubo espanto en todos, y hablaban unos á otros, diciendo: ¿Qué palabra es ésta, que con autoridad y potencia manda á los espíritus inmundos, y salen?
37. Y la fama de él se divulgaba de todas partes por todos los lugares de la comarca.
Palabra del Señor.
Reflexión del Evangelio
La autoridad de Jesús no es ruido ni exhibición. Su palabra libera y devuelve integridad.
Podemos preguntarnos si nuestra manera de ejercer influencia —en casa, en el trabajo o en comunidad— también ayuda a otros a crecer en libertad y dignidad.