Lecturas del 29 de julio de 2026
Primera lectura: Jeremías 15, 10. 16-21
10. ¡Ay de mí, madre mía, que me has engendrado hombre de contienda y hombre de discordia á toda la tierra! Nunca les dí á logro, ni lo tomé de ellos; y todos me maldicen.
16. Halláronse tus palabras, y yo las comí; y tu palabra me fué por gozo y por alegría de mi corazón: porque tu nombre se invocó sobre mí, oh Señor Dios de los ejércitos.
17. No me senté en compañía de burladores, ni me engreí á causa de tu profecía; sentéme solo, porque me llenaste de desabrimiento.
18. ¿Por qué fué perpetuo mi dolor, y mi herida desahuciada no admitió cura? ¿Serás para mí como cosa ilusoria, como aguas que no son estables?
19. Por tanto así dijo Señor: Si te convirtieres, yo te repondré, y delante de mí estarás; y si sacares lo precioso de lo vil, serás como mi boca. Conviértanse ellos á ti, y tú no te conviertas á ellos.
20. Y te daré para este pueblo por fuerte muro de bronce, y pelearán contra ti, y no te vencerán: porque yo estoy contigo para guardarte y para defenderte, dice Señor.
21. Y librarte he de la mano de los malos, y te redimiré de la mano de los fuertes.
Palabra de Dios.
Texto bíblico: Reina-Valera 1909, edición de dominio público.
Reflexión de la lectura
Jeremías experimenta cansancio, soledad y oposición, pero descubre que la Palabra de Dios sigue siendo alegría para su corazón. La fe no elimina automáticamente las dificultades; nos da una raíz más profunda desde la cual atravesarlas.
Dios promete estar con el profeta para guardarlo y defenderlo. Hoy podemos recibir esa promesa como una invitación a mantenernos firmes en el bien, incluso cuando hacerlo resulte incómodo o poco comprendido.