Lecturas sábado 1 agosto 2026
Primera lectura: Jeremías 26, 11-16. 24
11. Entonces hablaron los sacerdotes y los profetas a los príncipes y a todo el pueblo, diciendo: En pena de muerte ha incurrido este hombre; porque profetizó contra esta ciudad, como vosotros habéis oído con vuestros oídos.
12. Y habló Jeremías a todos los príncipes y a todo el pueblo, diciendo: Señor me envió a profetizar contra esta casa y contra esta ciudad todas las palabras que habéis oído.
13. Y ahora, mejorad vuestros caminos y vuestras obras, y oid la voz de Señor vuestro Dios, y arrepentiráse Señor del mal que ha hablado contra vosotros.
14. En lo que a mí toca, he aquí estoy en vuestras manos: haced de mí como mejor y más recto os pareciere.
15. Mas sabed de cierto que, si me matareis, sangre inocente echaréis sobre vosotros, y sobre esta ciudad, y sobre sus moradores: porque en verdad Señor me envió a vosotros para que dijese todas estas palabras en vuestros oídos.
16. Y dijeron los príncipes y todo el pueblo a los sacerdotes y profetas: No ha incurrido este hombre en pena de muerte; porque en nombre de Señor nuestro Dios nos ha hablado.
24. Empero la mano de Ahicam hijo de Saphán era con Jeremías, para que no lo entregasen en las manos del pueblo para matarlo.
Palabra de Dios.
Texto bíblico: Reina-Valera 1909, edición de dominio público.
Respuesta: Por tu gran misericordia, escúchame, Señor.
14. Sácame del cieno, y no sea yo sumergido: sea yo libertado de los que me aborrecen, y de lo profundo de las aguas.
15. No me anegue el ímpetu de las aguas, ni me sorba la hondura, ni el pozo cierre sobre mí su boca.
29. Mas a mí, afligido y miserable, tu salud, oh Dios, me ponga en alto.
30. Alabaré yo el nombre de Dios con cántico, ensalzarélo con alabanza.
32. Veránlo los humildes, y se gozarán. Buscad a Dios, y vivirá vuestro corazón.
33. Porque Señor oye a los menesterosos, y no menosprecia a sus prisioneros.
Texto bíblico: Reina-Valera 1909, edición de dominio público. Se muestra también la numeración litúrgica católica entre paréntesis.
1. En aquel tiempo Herodes el tetrarca oyó la fama de Jesús,
2. Y dijo a sus criados: Este es Juan el Bautista: él ha resucitado de los muertos, y por eso virtudes obran en él.
3. Porque Herodes había prendido a Juan, y le había aprisionado y puesto en la cárcel, por causa de Herodías, mujer de Felipe su hermano;
4. Porque Juan le decía: No te es lícito tenerla.
5. Y quería matarle, mas temía al pueblo; porque le tenían como a profeta.
6. Mas celebrándose el día del nacimiento de Herodes, la hija de Herodías danzó en medio, y agradó a Herodes.
7. Y prometió él con juramento darle todo lo que pidiese.
8. Y ella, instruida primero de su madre, dijo: Dame aquí en un plato la cabeza de Juan el Bautista.
9. Entonces el rey se entristeció; mas por el juramento, y por los que estaban juntamente a la mesa, mandó que se le diese.
10. Y envió, y degolló a Juan en la cárcel.
11. Y fue traída su cabeza en un plato y dada a la muchacha; y ella la presentó a su madre.
12. Entonces llegaron sus discípulos, y tomaron el cuerpo, y lo enterraron; y fueron, y dieron las nuevas a Jesús.
Palabra del Señor.
Texto bíblico: Reina-Valera 1909, edición de dominio público.
Reflexión de la lectura
Jeremías permanece fiel a la misión recibida aun cuando decir la verdad lo pone en peligro. Su valentía no nace de sentirse invulnerable, sino de saber que ha sido enviado por Dios.
La lectura nos invita a revisar nuestros caminos sin miedo. La corrección puede ser una forma de misericordia cuando nos ayuda a detenernos, rectificar y volver a elegir lo que conduce al bien.
Reflexión del salmo
El salmista se encuentra en una situación angustiosa, pero no deja de pedir ayuda ni de alabar. La oración le permite mirar más allá del peligro inmediato y recordar que Dios escucha al que clama desde la necesidad.
Cuando hoy sintamos que algo nos supera, podemos convertir la respuesta del salmo en una oración breve y confiada.
Reflexión del Evangelio
Juan Bautista paga un precio alto por mantenerse fiel a la verdad. Herodes, en cambio, permite que el miedo al qué dirán y una promesa imprudente gobiernen sus decisiones.
El Evangelio nos invita a preguntarnos qué pesa más cuando debemos elegir: la conciencia o la presión de los demás. La libertad interior crece cuando aprendemos a actuar por convicción y no solamente para quedar bien.