Lecturas del día domingo 4 de octubre de 2026
Primera Lectura
Lectura del libro de Isaías 5, 1-7
El profeta presenta a Israel como la viña amada que Dios cuidó con esmero y de la que esperaba buenos frutos. Sin embargo, en lugar de justicia y rectitud, encontró injusticia. La imagen de la viña nos recuerda que los dones recibidos de Dios están llamados a producir frutos de amor, fidelidad y justicia en nuestra vida.
Palabra de Dios.
Segunda Lectura
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Filipenses 4, 6-9
San Pablo invita a no vivir dominados por la inquietud, sino a presentar nuestras necesidades a Dios mediante la oración y la súplica con gratitud. Nos anima además a orientar nuestros pensamientos hacia todo lo verdadero, noble, justo, puro, amable y digno de elogio. Así, la paz de Dios puede custodiar nuestro corazón y nuestros pensamientos en Cristo Jesús.
Palabra de Dios.
Salmo 79, 9 y 12. 13-14. 15-16. 19-20
R. La viña del Señor es la casa de Israel.
El salmista recuerda la viña que Dios plantó y pide al Señor que vuelva sus ojos hacia ella, la visite y la proteja. Es una súplica confiada para que Dios restaure a su pueblo y le conceda nuevamente vida y salvación.
Lectura del santo Evangelio según san Mateo 21, 33-43
Jesús relata la parábola de unos viñadores que reciben una viña en alquiler, pero rechazan violentamente a los enviados del propietario e incluso a su propio hijo. Con esta imagen, Jesús advierte sobre la responsabilidad de acoger los dones de Dios y producir los frutos que Él espera. El Reino será confiado a quienes sepan hacerlo fructificar.
Palabra del Señor.
Reflexión de la Primera Lectura
Dios no deja de cuidar su viña: prepara la tierra, la protege y espera sus frutos. Esta lectura nos invita a mirar nuestra propia vida y preguntarnos qué estamos haciendo con los dones, oportunidades y personas que Él ha puesto en nuestro camino. La fe no debe quedarse solamente en palabras; está llamada a convertirse en obras concretas de justicia, misericordia y amor.
Reflexión del Salmo
También nosotros podemos pedir hoy: «Señor, vuelve tus ojos hacia nosotros». Cuando sentimos que nos hemos alejado o que nuestra vida necesita ser renovada, Dios puede restaurarnos. Su cuidado no desaparece. Abramos el corazón para dejarnos visitar, fortalecer y conducir nuevamente por Él.
Reflexión del Evangelio
El Evangelio nos recuerda que somos administradores, no dueños absolutos, de aquello que Dios nos ha confiado. Nuestra familia, capacidades, tiempo, trabajo y oportunidades pueden convertirse en una viña fecunda cuando los ponemos al servicio del bien. Hoy Jesús nos invita a preguntarnos qué frutos estamos ofreciendo y a renovar nuestro compromiso de vivir con gratitud, responsabilidad y amor.