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Lecturas del 18 de septiembre de 2026: Cristo resucitado y el servicio generoso

Lecturas, salmo y Evangelio de esta fecha, con reflexiones para acompañar tu oración.

18 de septiembre de 2026

Lecturas del 18 de septiembre de 2026: Cristo resucitado y el servicio generoso

Primera lectura

Primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios 15, 12-20

San Pablo afronta una duda que estaba creciendo entre algunos cristianos: la negación de la resurrección. Su argumento es directo. Si los muertos no resucitan, tampoco Cristo habría resucitado; y si Cristo no hubiera resucitado, la fe cristiana perdería su fundamento.

Pero Pablo proclama lo contrario: Cristo ha resucitado y su victoria abre una esperanza que va más allá de esta vida. La resurrección no es un detalle secundario de la fe, sino la promesa de que el mal, el pecado y la muerte no tienen la última palabra.

Esta lectura nos invita a preguntarnos dónde estamos poniendo nuestra esperanza. Cuando creemos verdaderamente que Dios puede dar vida nueva, también cambia la manera en que enfrentamos las pérdidas, el cansancio y las dificultades.

Palabra de Dios.

Salmo 16 (17), 1. 6-7. 8. 15

R/. Al despertar, Señor, me saciaré contemplando tu rostro.

El salmista clama a Dios con confianza y le pide protección. Sabe que puede refugiarse en Él y que, aun en medio de las dificultades, la verdadera plenitud consiste en vivir en su presencia.

Hoy podemos hacer nuestra esta confianza y recordar que Dios escucha, acompaña y sostiene incluso cuando todavía no vemos una solución inmediata.

R/. Al despertar, Señor, me saciaré contemplando tu rostro.

Aclamación antes del Evangelio

Mateo 11, 25

Jesús alaba al Padre porque los misterios del Reino se revelan a quienes saben recibirlos con un corazón sencillo y abierto.

Evangelio del día

Santo Evangelio según san Lucas 8, 1-3

Jesús recorre ciudades y pueblos anunciando la Buena Noticia del Reino de Dios. Lo acompañan los Doce y también varias mujeres que habían experimentado sanación y liberación, entre ellas María Magdalena, Juana y Susana.

El Evangelio destaca que estas mujeres no eran figuras secundarias: acompañaban la misión y colaboraban con sus propios bienes. Su presencia muestra que seguir a Jesús también significa poner tiempo, recursos, capacidades y generosidad al servicio del bien.

Este breve pasaje nos recuerda que la misión de la Iglesia se sostiene gracias a muchas personas que, de maneras distintas, ofrecen lo que tienen y hacen posible que la fe llegue a otros.

Palabra del Señor.