Evangelio del 16 de septiembre de 2026
Evangelio del día
Santo Evangelio según san Lucas 7, 31-35
Jesús compara a la gente de su generación con unos niños que, sentados en la plaza, nunca quedan conformes: cuando unos tocan música alegre, los demás no bailan; cuando entonan cantos de duelo, tampoco lloran.
Así sucedió con Juan el Bautista: por su vida austera algunos lo rechazaron. Y cuando llegó Jesús, cercano a las personas y compartiendo la mesa con ellas, también fue criticado. El problema no estaba en Juan ni en Jesús, sino en un corazón cerrado que siempre encuentra una excusa para no escuchar a Dios.
Jesús concluye recordando que la verdadera sabiduría se reconoce por sus frutos.
Palabra del Señor.
Reflexión de las lecturas del 16 de septiembre
La liturgia de hoy coloca en el centro una pregunta muy concreta: ¿cómo estamos amando? San Pablo nos recuerda que la vida cristiana no se mide solo por lo que sabemos, por lo que decimos o por las prácticas religiosas que realizamos. Todo adquiere verdadero sentido cuando nace de la caridad.
El Evangelio añade otra llamada importante: no cerrar el corazón a la manera en que Dios quiere hablarnos. A veces esperamos que el Señor actúe exactamente como imaginamos y, cuando lo hace de otra manera, encontramos motivos para rechazarlo. La fe madura aprende a reconocer la presencia de Dios por sus frutos.
Los santos Cornelio y Cipriano permanecieron fieles a Cristo en medio de grandes dificultades. Su testimonio nos anima a vivir una fe firme, pero también llena de comunión, misericordia y amor fraterno.
Los textos bíblicos se presentan aquí en una redacción adaptada para la lectura devocional. Referencias litúrgicas verificadas según el calendario de la Iglesia para el 16 de septiembre de 2026.