Evangelio según san Mateo 17, 1-9 — 6 de agosto de 2026
1. Y DESPUÉS de seis días, Jesús toma á Pedro, y á Jacobo, y á Juan su hermano, y los lleva aparte á un monte alto:
2. Y se transfiguró delante de ellos; y resplandeció su rostro como el sol, y sus vestidos fueron blancos como la luz.
3. Y he aquí les aparecieron Moisés y Elías, hablando con él.
4. Y respondiendo Pedro, dijo á Jesús: Señor, bien es que nos quedemos aquí: si quieres, hagamos aquí tres pabellones: para ti uno, y para Moisés otro, y otro para Elías.
5. Y estando aún él hablando, he aquí una nube de luz que los cubrió; y he aquí una voz de la nube, que dijo: Este es mi Hijo amado, en el cual tomo contentamiento: á él oid.
6. Y oyendo esto los discípulos, cayeron sobre sus rostros, y temieron en gran manera.
7. Entonces Jesús llegando, los tocó, y dijo: Levantaos, y no temáis.
8. Y alzando ellos sus ojos, á nadie vieron, sino á solo Jesús.
9. Y como descendieron del monte, les mandó Jesús, diciendo: No digáis á nadie la visión, hasta que el Hijo del hombre resucite de los muertos.
Palabra del Señor.
Texto bíblico: Reina-Valera 1909, edición de dominio público.
Reflexión del Evangelio
La Transfiguración ofrece a los discípulos un instante de luz antes del camino difícil que vendrá. Pedro quisiera quedarse en el monte, pero la experiencia de Dios no está hecha para aislarnos de la realidad, sino para fortalecernos y regresar a ella.
La voz del Padre ofrece una clave sencilla: “a él oid”. Escuchar a Jesús es más importante que intentar controlar cada situación. Después de la luz viene el descenso del monte, y allí comienza nuevamente la misión cotidiana.