
San Peregrino Laziosi fue un religioso de la Orden de los Siervos de María, nacido en Forlì, Italia, hacia 1260. La Iglesia lo recuerda el 1 de mayo y su devoción está especialmente vinculada a quienes padecen enfermedades graves.
Una juventud marcada por el conflicto
Peregrino creció en una época de fuertes enfrentamientos políticos en Italia. Las antiguas biografías relatan que, siendo joven, reaccionó violentamente ante san Felipe Benicio, superior de los Servitas, durante una misión de reconciliación en Forlì. El perdón recibido habría sido decisivo en su conversión.
Ingreso a los Siervos de María
Después de este cambio de vida, Peregrino ingresó en la Orden de los Siervos de María. Su espiritualidad estuvo centrada en la oración, la penitencia y la contemplación de María al pie de la cruz.
Ejerció su ministerio durante años en Forlì y se hizo conocido por su austeridad, su servicio y su cercanía a quienes sufrían.
La enfermedad de su pierna
La tradición cuenta que desarrolló una grave lesión en una pierna que los médicos consideraron necesaria amputar. La noche anterior a la intervención, Peregrino rezó ante una imagen de Cristo crucificado. Al día siguiente se habría producido una recuperación extraordinaria.
Este relato está en el origen de su devoción entre enfermos, especialmente personas con cáncer, enfermedades crónicas o tratamientos prolongados.
Canonización y legado
Murió en 1345. Su culto se extendió dentro y fuera de la Orden Servita y fue canonizado por Benedicto XIII en 1726.
¿Qué podemos aprender?
Su vida une dos temas poderosos: conversión y esperanza en la enfermedad. Su historia recuerda que una persona puede cambiar profundamente y que quien atraviesa una enfermedad necesita tanto acompañamiento espiritual como atención médica responsable.
Oración relacionada
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