El papa León XIV celebró el 7 de septiembre de 2026 la víspera de la Natividad de la Santísima Virgen María en el Santuario de la Madre del Buen Consejo, en Genazzano. Su homilía unió la figura de María, la contemplación y una invitación muy concreta: aprender a reconocer la paz como un don de Dios que también necesita ser acogido, cuidado y servido.
El Pontífice habló en un contexto marcado por guerras, divisiones e incertidumbre. Frente a esa realidad, no presentó la paz como una idea ingenua ni como una simple ausencia de conflicto, sino como una forma distinta de mirar y actuar que comienza en el interior de la persona y debe traducirse en relaciones más fraternas.

La paz comienza en el corazón
León XIV relacionó la paz con la acción del Espíritu Santo y con la vida nueva que nace de Cristo resucitado. Desde esa perspectiva, la paz no se limita a esperar que desaparezcan los conflictos externos: también requiere educar el corazón para escuchar, renunciar al resentimiento y reconocer el bien que puede estar naciendo incluso en situaciones difíciles.
María como escuela de esperanza
La visita tuvo un marcado carácter mariano. El Papa recordó la cercanía de la Madre del Buen Consejo y presentó a María como signo de una humanidad renovada: una vida sencilla y silenciosa en la que Dios prepara algo mucho mayor de lo que puede verse a primera vista.
Al hablar de contemplación, León XIV invitó a ampliar la mirada para reconocer la obra de Dios antes de que llegue a ser plenamente visible. Aplicado a la paz, esto significa no resignarse a pensar que la violencia y la división tienen siempre la última palabra.
Claves del mensaje
- La paz es un don: no nace únicamente de la fuerza de voluntad, sino que se recibe y se cultiva.
- La paz necesita imaginación y esperanza: es necesario ser capaces de concebir relaciones y comunidades distintas de las marcadas por el conflicto.
- La paz comienza cerca: en la forma de hablar, escuchar, perdonar y tratar a las personas del entorno.
- La paz exige servicio: no basta desearla; hay que reconocer y apoyar los signos concretos de reconciliación que ya existen.
Una invitación para nuestra vida diaria
El mensaje puede convertirse en una pregunta concreta para cada día: ¿qué gesto de paz podemos ofrecer hoy en nuestra familia, trabajo o comunidad? A veces ese gesto será pedir perdón; otras veces, escuchar sin interrumpir, evitar una respuesta hiriente, acercarse a alguien con quien existe distancia o ayudar a resolver una tensión sin aumentar el conflicto.
Estas acciones pequeñas no sustituyen los procesos políticos y sociales que requiere la paz entre pueblos, pero sí forman personas y comunidades menos dispuestas a reproducir violencia, desprecio o indiferencia.
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Fuentes: homilía oficial de León XIV en Genazzano y Vatican News.