Lecturas del 2 de noviembre de 2026
Primera lectura: Sabiduría 3, 1-9
Lectura del libro de la Sabiduría.
Las almas de los justos están en las manos de Dios, donde ningún sufrimiento puede destruir su paz. A quienes miran solo con ojos humanos, su muerte puede parecer una desgracia y su partida, el final de toda esperanza. Pero ellos están en paz y su confianza se abre a la inmortalidad.
Las pruebas que atravesaron no fueron inútiles. Dios los acogió como una ofrenda preciosa y, en su tiempo, brillarán con una luz nueva. Quienes confían en el Señor comprenderán su verdad y permanecerán en su amor, porque la gracia y la misericordia acompañan a quienes Él llama.
Meditación de la primera lectura
La fe no nos pide negar el dolor de una despedida. Nos invita a confiar en que nuestros seres queridos están en las manos de un Dios misericordioso. Podemos recordar sus nombres con gratitud, pedir perdón por lo que quedó pendiente y ofrecer por ellos nuestra oración.
Segunda lectura: Romanos 5, 5-11
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos.
Hermanos: nuestra esperanza no queda vacía, porque Dios ha derramado su amor en nuestros corazones por medio del Espíritu Santo. Cuando todavía éramos débiles, Cristo entregó su vida por nosotros. Así mostró Dios la profundidad de su amor: nos amó aun cuando necesitábamos reconciliarnos con Él.
Si por la muerte de Cristo hemos recibido la reconciliación, cuánto más podemos confiar en la vida que Él nos comunica. Por Jesucristo, nuestro Señor, encontramos la alegría de volver al Padre.
Meditación de la segunda lectura
San Pablo nos recuerda que la esperanza cristiana se fundamenta en el amor de Dios. Al orar por nuestros difuntos, no pretendemos conocer el misterio de cada vida: los encomendamos humildemente a la misericordia de quien nos amó primero.
Aclamación antes del Evangelio
Aleluya, aleluya. Yo soy la resurrección y la vida, dice el Señor; quien cree en mí vivirá. Aleluya. (Cf. Juan 11, 25).
Reflexión de la lectura
Vuelve a leer con calma la lectura de hoy. Detente en la frase que más te hable y pregúntate qué invitación concreta te hace Dios para esta jornada.