Lecturas martes 28 julio 2026
Primera lectura: Jeremías 14, 17-22
17. Decirles has, pues, esta palabra: Córranse mis ojos en lágrimas noche y día, y no cesen; porque de gran quebrantamiento es quebrantada la virgen hija de mi pueblo, de plaga muy recia.
18. Si salgo al campo, he aquí muertos á cuchillo; y si me entro en la ciudad, he aquí enfermos de hambre: porque también el profeta como el sacerdote anduvieron rodeando en la tierra, y no conocieron.
19. ¿Has desechado enteramente á Judá? ¿ha aborrecido tu alma á Sión? ¿Por qué nos hiciste herir sin que nos quede cura? Esperamos paz, y no hubo bien; tiempo de cura, y he aquí turbación.
20. Reconocemos, oh Señor, nuestra impiedad, la iniquidad de nuestros padres: porque contra ti hemos pecado.
21. Por amor de tu nombre no nos deseches, ni trastornes el trono de tu gloria: acuérdate, no invalides tu pacto con nosotros.
22. ¿Hay entre las vanidades de las gentes quien haga llover? ¿y darán los cielos lluvias? ¿No eres tú, Señor, nuestro Dios? en ti pues esperamos; pues tú hiciste todas estas cosas.
Palabra de Dios.
Texto bíblico: Reina-Valera 1909, edición de dominio público.
Respuesta: Por el honor de tu nombre, Señor, líbranos.
8. No recuerdes contra nosotros las iniquidades antiguas: anticípennos presto tus misericordias, porque estamos muy abatidos.
9. Ayúdanos, oh Dios, salud nuestra, por la gloria de tu nombre: y líbranos, y aplácate sobre nuestros pecados por amor de tu nombre.
11. Entre ante tu acatamiento el gemido de los presos: conforme á la grandeza de tu brazo preserva á los sentenciados á muerte.
13. Y nosotros, pueblo tuyo, y ovejas de tu dehesa, te alabaremos para siempre: por generación y generación cantaremos tus alabanzas.
Texto bíblico: Reina-Valera 1909, edición de dominio público. Se indica entre paréntesis la numeración litúrgica católica del salmo.
36. Entonces, despedidas las gentes, Jesús se vino á casa; y llegándose á él sus discípulos, le dijeron: Decláranos la parábola de la cizaña del campo.
37. Y respondiendo él, les dijo: El que siembra la buena simiente es el Hijo del hombre;
38. Y el campo es el mundo; y la buena simiente son los hijos del reino, y la cizaña son los hijos del malo;
39. Y el enemigo que la sembró, es el diablo; y la siega es el fin del mundo, y los segadores son los ángeles.
40. De manera que como es cogida la cizaña, y quemada al fuego, así será en el fin de este siglo.
41. Enviará el Hijo del hombre sus ángeles, y cogerán de su reino todos los escándalos, y los que hacen iniquidad,
42. Y los echarán en el horno de fuego: allí será el lloro y el crujir de dientes.
43. Entonces los justos resplandecerán como el sol en el reino de su Padre: el que tiene oídos para oir, oiga.
Palabra del Señor.
Texto bíblico: Reina-Valera 1909, edición de dominio público.
Reflexión de la lectura
Jeremías no oculta el dolor de su pueblo: lo convierte en una oración sincera. La lectura nos recuerda que reconocer nuestras faltas no significa perder la esperanza. Precisamente cuando aceptamos nuestra fragilidad podemos volver a Dios con un corazón más verdadero.
Hoy podemos preguntarnos qué situación estamos tratando de resolver únicamente con nuestras fuerzas. Dios no nos pide negar la dificultad, sino llevarla ante Él, confiar nuevamente y permitir que su presencia nos sostenga aun cuando la respuesta no llegue de inmediato.
Reflexión del salmo
El salmo nace de una comunidad que se siente abatida, pero que no deja de llamar a Dios “salud nuestra”. Esa confianza es una forma de fe: pedir ayuda sin esconder la necesidad y recordar que seguimos perteneciendo a Dios incluso en los días difíciles.
Podemos repetir durante la jornada la respuesta del salmo y convertirla en una oración breve cada vez que aparezca una preocupación.
Reflexión del Evangelio
Jesús explica que el bien y el mal pueden crecer juntos por un tiempo. Esto nos invita a evitar juicios apresurados y, sobre todo, a cuidar qué estamos sembrando nosotros. No siempre podemos controlar lo que ocurre alrededor, pero sí podemos elegir la paciencia, la verdad, la misericordia y la fidelidad.
La imagen final es luminosa: “los justos resplandecerán como el sol”. La vida de fe no consiste únicamente en evitar el mal, sino en dejar que el bien de Dios se haga visible a través de nuestras acciones cotidianas.