Lecturas jueves 6 agosto 2026
Primera lectura: Daniel 7, 9-10. 13-14
9. Estuve mirando hasta que fueron puestas sillas: y un Anciano de grande edad se sentó, cuyo vestido era blanco como la nieve, y el pelo de su cabeza como lana limpia; su silla llama de fuego, sus ruedas fuego ardiente.
10. Un río de fuego procedía y salía de delante de él: millares de millares le servían, y millones de millones asistían delante de él: el Juez se sentó, y los libros se abrieron.
13. Miraba yo en la visión de la noche, y he aquí en las nubes del cielo como un hijo de hombre que venía, y llegó hasta el Anciano de grande edad, é hiciéronle llegar delante de él.
14. Y fuéle dado señorío, y gloria, y reino; y todos los pueblos, naciones y lenguas le sirvieron; su señorío, señorío eterno, que no será transitorio, y su reino que no se corromperá.
Palabra de Dios.
Texto bíblico: Reina-Valera 1909, edición de dominio público.
Segunda lectura: 2 Pedro 1, 16-19
16. Porque no os hemos dado á conocer la potencia y la venida de nuestro Señor Jesucristo, siguiendo fábulas por arte compuestas; sino como habiendo con nuestros propios ojos visto su majestad.
17. Porque él había recibido de Dios Padre honra y gloria, cuando una tal voz fué á él enviada de la magnífica gloria: Este es el amado Hijo mío, en el cual yo me he agradado.
18. Y nosotros oímos esta voz enviada del cielo, cuando estábamos juntamente con él en el monte santo.
19. Tenemos también la palabra profética más permanente, á la cual hacéis bien de estar atentos como á una antorcha que alumbra en lugar oscuro hasta que el día esclarezca, y el lucero de la mañana salga en vuestros corazones.
Palabra de Dios.
Texto bíblico: Reina-Valera 1909, edición de dominio público.
Respuesta: Reina el Señor, alégrese la tierra.
1. El Señor reina: regocíjese la tierra; alégrense las muchas islas.
2. Nube y oscuridad alrededor de él: justicia y juicio son el asiento de su trono.
5. Los montes se derritieron como cera delante del Señor, delante del Señor de toda la tierra.
6. Los cielos denunciaron su justicia, y todos los pueblos vieron su gloria.
9. Porque tú, Señor, eres alto sobre toda la tierra: eres muy ensalzado sobre todos los dioses.
Texto bíblico: Reina-Valera 1909, edición de dominio público.
1. Y DESPUÉS de seis días, Jesús toma á Pedro, y á Jacobo, y á Juan su hermano, y los lleva aparte á un monte alto:
2. Y se transfiguró delante de ellos; y resplandeció su rostro como el sol, y sus vestidos fueron blancos como la luz.
3. Y he aquí les aparecieron Moisés y Elías, hablando con él.
4. Y respondiendo Pedro, dijo á Jesús: Señor, bien es que nos quedemos aquí: si quieres, hagamos aquí tres pabellones: para ti uno, y para Moisés otro, y otro para Elías.
5. Y estando aún él hablando, he aquí una nube de luz que los cubrió; y he aquí una voz de la nube, que dijo: Este es mi Hijo amado, en el cual tomo contentamiento: á él oid.
6. Y oyendo esto los discípulos, cayeron sobre sus rostros, y temieron en gran manera.
7. Entonces Jesús llegando, los tocó, y dijo: Levantaos, y no temáis.
8. Y alzando ellos sus ojos, á nadie vieron, sino á solo Jesús.
9. Y como descendieron del monte, les mandó Jesús, diciendo: No digáis á nadie la visión, hasta que el Hijo del hombre resucite de los muertos.
Palabra del Señor.
Texto bíblico: Reina-Valera 1909, edición de dominio público.
Reflexión de la lectura
Daniel contempla un reino que no se corrompe, y Pedro recuerda la gloria que vio en el monte. Ambas lecturas nos ayudan a mirar más allá de lo inmediato: el poder de Dios no está sometido a la fragilidad de nuestras circunstancias.
La Palabra es presentada como una antorcha en lugar oscuro. No siempre elimina de golpe la oscuridad, pero ofrece luz suficiente para continuar caminando.
Reflexión del salmo
La gloria de Dios no es una exhibición vacía de poder: su trono está sostenido por la justicia y el juicio. Por eso la creación puede alegrarse.
Adorar a Dios también significa permitir que su justicia transforme nuestra manera de tratar a los demás.
Reflexión del Evangelio
La Transfiguración ofrece a los discípulos un instante de luz antes del camino difícil que vendrá. Pedro quisiera quedarse en el monte, pero la experiencia de Dios no está hecha para aislarnos de la realidad, sino para fortalecernos y regresar a ella.
La voz del Padre ofrece una clave sencilla: “a él oid”. Escuchar a Jesús es más importante que intentar controlar cada situación. Después de la luz viene el descenso del monte, y allí comienza nuevamente la misión cotidiana.