Lecturas domingo 9 agosto 2026
Primera lectura: 1 Reyes 19, 9. 11-13
9. Y allí se metió en una cueva, donde tuvo la noche.
11. Y él le dijo: Sal fuera, y ponte en el monte delante de Señor. Y he aquí Señor que pasaba, y un grande y poderoso viento que rompía los montes, y quebraba las peñas delante de Señor: mas Señor no estaba en el viento. Y tras el viento un terremoto: mas Señor no estaba en el terremoto.
12. Y tras el terremoto un fuego: mas Señor no estaba en el fuego. Y tras el fuego un silbo apacible y delicado.
13. Y cuando lo oyó Elías, cubrió su rostro con su manto, y salió, y paróse á la puerta de la cueva.
Palabra de Dios.
Segunda lectura: Romanos 9, 1-5
1. Verdad digo en Cristo, no miento, dándome testimonio mi conciencia en el Espíritu Santo,
2. Que tengo gran tristeza y continuo dolor en mi corazón.
3. Porque deseara yo mismo ser apartado de Cristo por mis hermanos, los que son mis parientes según la carne;
4. Que son israelitas, de los cuales es la adopción, y la gloria, y el pacto, y la data de la ley, y el culto, y las promesas;
5. Cuyos son los padres, y de los cuales es Cristo según la carne, el cual es Dios sobre todas las cosas, bendito por los siglos. Amén.
Palabra de Dios.
Textos bíblicos: Reina-Valera 1909, edición de dominio público.
Respuesta: Muéstranos, Señor, tu misericordia y danos tu salvación.
8. Escucharé lo que hablará el Dios Señor: porque hablará paz á su pueblo y á sus santos, para que no se conviertan á la locura.
9. Ciertamente cercana está su salud á los que le temen; para que habite la gloria en nuestra tierra.
10. La misericordia y la verdad se encontraron: la justicia y la paz se besaron.
11. La verdad brotará de la tierra; y la justicia mirará desde los cielos.
12. Señor dará también el bien; y nuestra tierra dará su fruto.
13. La justicia irá delante de él; y sus pasos pondrá en camino.
Texto bíblico: Reina-Valera 1909, dominio público. La numeración del salmo difiere en algunas ediciones litúrgicas.
22. Y luego Jesús hizo á sus discípulos entrar en el barco, é ir delante de él á la otra parte del lago, entre tanto que él despedía á las gentes.
23. Y despedidas las gentes, subió al monte, apartado, á orar: y como fué la tarde del día, estaba allí solo.
24. Y ya el barco estaba en medio de la mar, atormentado de las ondas; porque el viento era contrario.
25. Mas á la cuarta vela de la noche, Jesús fué á ellos andando sobre la mar.
26. Y los discípulos, viéndole andar sobre la mar, se turbaron, diciendo: Fantasma es. Y dieron voces de miedo.
27. Mas luego Jesús les habló, diciendo: Confiad, yo soy; no tengáis miedo.
28. Entonces le respondió Pedro, y dijo: Señor, si tú eres, manda que yo vaya á ti sobre las aguas.
29. Y él dijo: Ven. Y descendiendo Pedro del barco, andaba sobre las aguas para ir á Jesús.
30. Mas viendo el viento fuerte, tuvo miedo; y comenzándose á hundir, dió voces, diciendo: Señor, sálvame.
31. Y luego Jesús, extendiendo la mano, trabó de él, y le dice: Oh hombre de poca fe, ¿por qué dudaste?
32. Y como ellos entraron en el barco, sosegóse el viento.
33. Entonces los que estaban en el barco, vinieron y le adoraron, diciendo: Verdaderamente eres Hijo de Dios.
Palabra del Señor.
Texto bíblico: Reina-Valera 1909, edición de dominio público.
Reflexión de la lectura
Elías descubre que Dios no siempre se manifiesta en lo espectacular, sino también en un susurro delicado. San Pablo, por su parte, muestra un corazón profundamente unido a su pueblo. Las dos lecturas nos invitan a escuchar con mayor profundidad y a no vivir la fe de manera indiferente frente a los demás.
Tal vez hoy Dios no llegue mediante una respuesta extraordinaria, sino a través de una conversación, un momento de silencio o una llamada interior a preocuparnos más por alguien concreto.
Reflexión del salmo
El salmo reúne palabras que nuestro mundo necesita: misericordia, verdad, justicia y paz. No las presenta como realidades enemigas, sino como dones que se encuentran.
Podemos pedir hoy que nuestras decisiones sean verdaderas sin dejar de ser misericordiosas, y que nuestra búsqueda de justicia esté siempre orientada hacia la paz.
Reflexión del Evangelio
Pedro empieza a hundirse cuando el viento ocupa más espacio en su mirada que Jesús. La fe no niega la fuerza del viento, pero recuerda que no estamos solos dentro de la tormenta.
La oración “Señor, sálvame” es breve y suficiente. Cuando nuestras fuerzas no alcanzan, podemos volver a ella y confiar en la mano que se extiende.