Lecturas del día miércoles 21 de octubre de 2026
Primera lectura: Efesios 3, 2-12
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Efesios.
Hermanos: ustedes han oído hablar de la misión que Dios me confió para anunciarles su gracia. Por revelación, el Señor me dio a conocer un misterio que antes no había sido manifestado con la misma claridad y que ahora ha sido revelado por el Espíritu a sus apóstoles y profetas.
Ese misterio es que los pueblos, sin distinción de origen, están llamados a participar de una misma herencia, a formar un solo cuerpo y a compartir la promesa de Dios en Cristo Jesús por medio del Evangelio.
Yo fui llamado a servir a este Evangelio por la gracia y el poder de Dios, para anunciar las riquezas insondables de Cristo y mostrar a todos el plan de salvación que Dios había preparado desde siempre.
Así, por medio de la Iglesia, se manifiesta la sabiduría de Dios. En Cristo Jesús, nuestro Señor, podemos acercarnos al Padre con libertad y confianza gracias a la fe en Él.
Paráfrasis pastoral de Efesios 3, 2-12.
Meditación de la primera lectura
San Pablo nos recuerda que el amor de Dios no conoce fronteras: todos estamos invitados a formar parte de su familia. La fe nos permite acercarnos al Padre con confianza. Hoy podemos responder a ese regalo acogiendo a los demás, evitando las divisiones y compartiendo la esperanza que hemos recibido.
R. Sacarán aguas con gozo de las fuentes de la salvación.
Dios es mi salvación: en Él confío y no tengo miedo. El Señor es mi fuerza y mi canto; Él me ha salvado.
R. Sacarán aguas con gozo de las fuentes de la salvación.
Den gracias al Señor e invoquen su nombre. Anuncien entre los pueblos sus obras y proclamen la grandeza de su nombre.
R. Sacarán aguas con gozo de las fuentes de la salvación.
Canten al Señor por las maravillas que ha realizado; que toda la tierra conozca sus obras. Alégrense, porque el Santo de Israel está en medio de su pueblo.
R. Sacarán aguas con gozo de las fuentes de la salvación.
Paráfrasis original del cántico de Isaías para la meditación.
Meditación del salmo
Cuando nos sentimos débiles o preocupados, podemos volver a Dios como quien encuentra una fuente de agua fresca. Su presencia renueva nuestra esperanza y nos da fuerzas para continuar. Demos gracias por sus bendiciones y compartamos con otros la alegría de confiar en Él.
Aclamación antes del Evangelio
Aleluya, aleluya. Permanezcan despiertos y preparados para recibir al Señor. Aleluya.
Evangelio
Lectura del santo Evangelio según san Lucas (12, 39-48)
Jesús dijo a sus discípulos que, si el dueño de una casa supiera a qué hora vendría un ladrón, no permitiría que entrara. Por eso también ellos debían estar preparados, pues el Hijo del hombre vendría cuando menos lo esperaran.
Pedro le preguntó si aquella enseñanza estaba dirigida solo a los discípulos o también a todos. Jesús respondió con el ejemplo de un administrador fiel y prudente, a quien su señor confía el cuidado de los demás servidores y la distribución de los alimentos a su tiempo. Dichoso ese servidor si su señor, al regresar, lo encuentra cumpliendo su tarea.
Pero si el administrador se aprovecha de la ausencia de su señor, maltrata a los demás y se entrega a una vida desordenada, tendrá que responder por su conducta cuando el señor vuelva inesperadamente.
Jesús concluyó enseñando que la responsabilidad es mayor cuando se ha recibido mayor conocimiento y confianza: a quien mucho se le dio, mucho se le pedirá.
Paráfrasis pastoral de Lucas 12, 39-48.
Reflexión de la lectura
Vuelve a leer con calma la lectura de hoy. Detente en la frase que más te hable y pregúntate qué invitación concreta te hace Dios para esta jornada.
Reflexión del salmo
Repite despacio la respuesta del salmo y conviértela en oración. Deja que sus palabras acompañen tus preocupaciones, agradecimientos y decisiones de hoy.
Reflexión sobre el Evangelio
Jesús nos recuerda que la fe se demuestra también en la responsabilidad con la que cuidamos lo que se nos ha confiado: la familia, el trabajo, los talentos y las oportunidades de servir. Estar preparados no significa vivir con temor, sino actuar cada día con amor, justicia y fidelidad.
La frase «a quien mucho se le dio, mucho se le pedirá» es una invitación a reconocer nuestros dones y ponerlos al servicio de los demás. Hoy preguntémonos: ¿estoy utilizando bien el tiempo, las capacidades y la confianza que Dios ha depositado en mí?
Para la proclamación litúrgica, utilizar el leccionario católico aprobado. Paráfrasis y reflexiones originales.