Lecturas del día domingo 11 de octubre de 2026
Primera Lectura
Lectura del segundo libro de los Reyes (5, 14-17)
Naamán bajó al Jordán y se sumergió siete veces, según le había indicado Eliseo, el hombre de Dios. Su carne quedó limpia y sana, como la de un niño pequeño.
Entonces volvió con toda su comitiva ante el hombre de Dios y le dijo: «Ahora reconozco que no hay Dios en toda la tierra sino en Israel. Acepta, te ruego, un presente de tu servidor».
Pero Eliseo respondió: «Por la vida del Señor, a quien sirvo, no aceptaré nada». Naamán insistió, pero el profeta se negó.
Entonces Naamán pidió que le permitieran llevarse tierra suficiente para cargar dos mulas, porque desde ese momento no ofrecería sacrificios a otros dioses, sino únicamente al Señor.
Palabra de Dios.
Segunda Lectura
Lectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a Timoteo (2, 8-13)
Querido hermano: Acuérdate de Jesucristo, resucitado de entre los muertos, descendiente de David, según el Evangelio que anuncio. Por él sufro hasta llevar cadenas como un malhechor, pero la palabra de Dios no está encadenada.
Por eso soporto todo por los elegidos, para que también ellos alcancen la salvación que está en Cristo Jesús, con la gloria eterna.
Es verdadera esta palabra: si hemos muerto con él, también viviremos con él; si perseveramos, también reinaremos con él; si lo negamos, también él nos negará; si somos infieles, él permanece fiel, porque no puede negarse a sí mismo.
Palabra de Dios.
Salmo 97 (98), 1. 2-3ab. 3cd-4
R. El Señor revela a las naciones su salvación.
Cantemos al Señor un canto nuevo, porque ha hecho maravillas. Su mano poderosa y su brazo santo le han dado la victoria.
R. El Señor revela a las naciones su salvación.
El Señor ha dado a conocer su salvación y ha manifestado su justicia ante los pueblos. Se ha acordado de su misericordia y de su fidelidad hacia la casa de Israel.
R. El Señor revela a las naciones su salvación.
Los confines de la tierra han contemplado la salvación de nuestro Dios. Aclame al Señor toda la tierra; estallen de alegría y entonen cantos de alabanza.
R. El Señor revela a las naciones su salvación.
Lectura del santo Evangelio según san Lucas (17, 11-19)
Mientras Jesús caminaba hacia Jerusalén, pasaba entre Samaría y Galilea. Al entrar en un pueblo, salieron a su encuentro diez hombres que padecían lepra. Se detuvieron a cierta distancia y levantaron la voz: «¡Jesús, Maestro, ten compasión de nosotros!».
Al verlos, Jesús les dijo: «Vayan a presentarse a los sacerdotes». Y sucedió que, mientras iban de camino, quedaron limpios.
Uno de ellos, al verse curado, regresó alabando a Dios en voz alta. Se postró rostro en tierra a los pies de Jesús y le dio gracias. Era un samaritano.
Jesús preguntó: «¿No quedaron limpios los diez? ¿Dónde están los otros nueve? ¿Ninguno volvió para dar gloria a Dios, sino este extranjero?».
Y le dijo: «Levántate y vete; tu fe te ha salvado».
Palabra del Señor.
Reflexión de la Primera Lectura
Naamán esperaba quizá una solución extraordinaria, pero su curación llegó cuando obedeció una indicación sencilla. Su historia nos enseña que Dios puede actuar a través de gestos humildes y que la verdadera transformación va más allá de la salud del cuerpo: alcanza el corazón. Al recibir la gracia, Naamán reconoce a Dios y decide cambiar su vida. ¿Sabemos nosotros agradecer y dejar que los dones recibidos nos hagan mejores?
Reflexión del Salmo
La salvación de Dios no está reservada a unos pocos: su amor alcanza a todos los pueblos. Este salmo nos anima a mirar con gratitud lo que sucede a nuestro alrededor. Incluso en días difíciles podemos reconocer pequeñas señales de su misericordia: una ayuda inesperada, una reconciliación, una oportunidad para comenzar de nuevo. La alabanza nace de un corazón que recuerda.
Reflexión sobre el Evangelio
Los diez enfermos pidieron ayuda y los diez fueron curados, pero solo uno volvió a agradecer. Jesús destaca el corazón agradecido de aquel hombre, considerado extranjero. El Evangelio nos invita a no acercarnos a Dios únicamente cuando necesitamos algo. Dar gracias también es una forma de oración, una manera de reconocer su presencia en nuestra historia. Este domingo podemos dedicar unos minutos a recordar tres bendiciones concretas y agradecerlas de corazón.
Nota editorial: los pasajes bíblicos anteriores se presentan en una redacción explicativa y no como transcripción literal de una edición litúrgica oficial. Para la proclamación en misa debe utilizarse el leccionario aprobado.