Lecturas del día viernes 2 de octubre de 2026
Primera Lectura
Lectura del libro del Éxodo 23, 20-23
Esto dice el Señor:
«Voy a enviar a un ángel que vaya delante de ti, para que te cuide en el camino y te lleve al lugar que te he preparado.
Respétalo y obedécelo. No te rebeles, porque lleva mi nombre, y no perdonará tu rebeldía.
Si lo obedeces fielmente y haces lo que yo te diga, tus enemigos serán mis enemigos, y tus adversarios, mis adversarios.
Mi ángel irá delante de ti».
Palabra de Dios.
Reflexión de la lectura
Vuelve a leer con calma la lectura de hoy. Detente en la frase que más te hable y pregúntate qué invitación concreta te hace Dios para esta jornada.
Reflexión del salmo
Repite despacio la respuesta del salmo y conviértela en oración. Deja que sus palabras acompañen tus preocupaciones, agradecimientos y decisiones de hoy.
Reflexión de la Primera Lectura
La Palabra de hoy nos ofrece una imagen profundamente consoladora: Dios no abandona a su pueblo en el camino. Le promete la presencia de un ángel que irá delante de él para cuidarlo y conducirlo.
La presencia del ángel no significa que desaparecerán todas las dificultades. El pueblo todavía tendrá que caminar, tomar decisiones y atravesar momentos inciertos. Sin embargo, Dios le recuerda que ese camino no tendrá que recorrerlo solo.
También nosotros vivimos etapas en las que no sabemos exactamente qué sucederá. Podemos sentir preocupación por nuestra familia, nuestro trabajo, nuestra salud o por decisiones que debemos tomar. Esta lectura nos invita a recordar que, incluso cuando nosotros no podemos ver con claridad lo que viene, Dios continúa acompañándonos.
En este 2 de octubre, memoria de los Santos Ángeles Custodios, podemos agradecer especialmente a Dios por esa presencia protectora que, según la tradición cristiana, ha dispuesto para acompañarnos.
Pero la lectura también contiene una invitación: «Respétalo y obedécelo». No basta con pedir protección; debemos aprender a escuchar a Dios y permitir que su Palabra oriente nuestras decisiones.
Que hoy podamos caminar con mayor confianza, sabiendo que Dios conoce nuestro camino y nunca deja de cuidarnos.