
En Vélingara, al sur de Senegal, sor Chrysologa Mnich es conocida en lengua pulaar como Néné Soukabé, “madre de los niños”. La religiosa, integrante de las Hermanas de la Misericordia de San Carlos Borromeo, combina su vocación misionera con su formación como enfermera para atender a menores afectados por desnutrición, anemia y otras consecuencias de la pobreza.
El centro que impulsó comenzó a funcionar el 13 de septiembre de 1993. Desde entonces, según el testimonio recogido por Vatican News, alrededor de 20.000 niños han recibido atención allí, procedentes de Senegal y también de comunidades vecinas de Gambia.
Una misión dedicada a salvar vidas
Sor Chrysologa forma parte de las Hermanas Borromeas y desarrolla su labor en un centro que atiende especialmente a niños y familias vulnerables. Durante años, las religiosas han recorrido largas distancias para llegar hasta comunidades alejadas donde el acceso a la atención sanitaria es limitado.
Su trabajo ha incluido el acompañamiento de menores afectados por anemia y otras enfermedades relacionadas con condiciones de pobreza. En situaciones especialmente difíciles, las hermanas llegaron incluso a desplazarse hasta aldeas remotas para ayudar a niños cuya vida estaba en peligro.
Cuando el servicio deja una huella
Entre los recuerdos que marcan la misión de sor Chrysologa está el reencuentro, años después, con una niña cuya vida había sido salvada gracias a la atención recibida. Historias como esta reflejan la dimensión humana de una labor que va mucho más allá de una asistencia puntual.
Para las religiosas, cada niño atendido representa una vida que merece protección, cuidado y oportunidades para crecer con dignidad.
Una obra que combina atención y prevención
La misión no se limita a atender una emergencia cuando un niño llega en estado delicado. Las religiosas también enseñan a las madres cómo alimentar y cuidar a sus hijos en contextos donde muchas familias viven lejos de servicios sanitarios y, en algunos casos, sin acceso adecuado a agua potable.
Lo que sostiene el centro de Vélingara
- Atención médica y nutricional para niños con desnutrición y anemia.
- Acompañamiento y orientación a madres jóvenes y familias.
- Desplazamientos hacia aldeas alejadas cuando los niños no pueden llegar al centro.
- Apoyo de donantes y personas solidarias para ampliar instalaciones y mantener la atención.
- Recepción de pequeños pacientes de Senegal y también de Gambia.
Con la colaboración de personas solidarias, el centro ha podido ampliar sus instalaciones y desarrollar espacios que contribuyen a sostener su trabajo. Sin embargo, las necesidades siguen siendo importantes en una región donde numerosas familias afrontan dificultades económicas y sanitarias.
El sueño de un hospital pediátrico
Sor Chrysologa mantiene un sueño para el futuro: que el centro pueda convertirse algún día en un hospital pediátrico capaz de atender a todavía más niños. Junto a ese deseo, expresa otro mucho mayor: que ningún niño tenga que sufrir a causa del hambre.
Su testimonio recuerda una dimensión esencial de la vida cristiana: la oración y la fe encuentran una expresión concreta cuando se convierten en cercanía, cuidado y servicio a quien sufre.
Fuente: Vatican News – Sisters Project, información publicada el 9 de septiembre de 2026.
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