Evangelio según san Mateo 18, 21-35 — 13 de septiembre de 2026
21. Entonces Pedro, llegándose a él, dijo: Señor, ¿cuántas veces perdonaré a mi hermano que pecare contra mí? ¿Hasta siete?
22. Jesús le dice: No te digo hasta siete, mas aun hasta setenta veces siete.
23. Por lo cual, el reino de los cielos es semejante a un hombre rey, que quiso hacer cuentas con sus siervos.
24. Y comenzando a hacer cuentas, le fue presentado uno que le debía diez mil talentos.
25. Mas a éste, no pudiendo pagar, mandó su señor venderle, y a su mujer e hijos, con todo lo que tenía, y que se le pagase.
26. Entonces aquel siervo, postrado, le adoraba, diciendo: Señor, ten paciencia conmigo, y yo te lo pagaré todo.
27. El señor, movido a misericordia de aquel siervo, le soltó y le perdonó la deuda.
28. Y saliendo aquel siervo, halló a uno de sus consiervos, que le debía cien denarios; y trabando de él, le ahogaba, diciendo: Págame lo que debes.
29. Entonces su consiervo, postrándose a sus pies, le rogaba, diciendo: Ten paciencia conmigo, y yo te lo pagaré todo.
30. Mas él no quiso; sino fue, y le echó en la cárcel hasta que pagase la deuda.
31. Y viendo sus consiervos lo que pasaba, se entristecieron mucho y, viniendo, declararon a su señor todo lo que había pasado.
32. Entonces llamándole su señor, le dice: Siervo malvado, toda aquella deuda te perdoné, porque me rogaste.
33. ¿No te convenía también a ti tener misericordia de tu consiervo, como también yo tuve misericordia de ti?
34. Entonces su señor, enojado, le entregó a los verdugos, hasta que pagase todo lo que le debía.
35. Así también hará con vosotros mi Padre celestial, si no perdonareis de vuestros corazones cada uno a su hermano sus ofensas.
Palabra del Señor.
Reflexión del Evangelio
El Evangelio no presenta el perdón como una cuenta que podamos llevar hasta llegar a un límite. Jesús conduce a Pedro hacia una misericordia que rompe esa lógica. Perdonar no significa negar el daño, justificar una injusticia ni renunciar a poner límites. Significa no permitir que el rencor gobierne nuestro corazón.
Hoy podemos preguntarnos: ¿hay alguna herida que sigo alimentando cada día? Tal vez el primer paso no sea sentir que todo está resuelto, sino pedir a Dios la gracia de dejar de vivir desde la ofensa. El perdón puede ser un camino, y cada paso hacia la paz cuenta.