Lecturas del día miércoles 28 de octubre de 2026
Primera lectura: Efesios 2, 19-22
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Efesios.
Hermanos: ustedes ya no son extranjeros ni personas ajenas a la familia de Dios. Ahora comparten la ciudadanía del pueblo santo y forman parte de la casa de Dios.
Han sido edificados sobre el fundamento de los apóstoles y profetas, y Cristo Jesús es la piedra principal que mantiene unido todo el edificio. En Él, toda la construcción crece de manera armoniosa hasta convertirse en templo santo para el Señor. También ustedes, unidos a Cristo, están siendo edificados como morada de Dios por el Espíritu.
Paráfrasis pastoral de Efesios 2, 19-22.
Meditación de la primera lectura
San Pablo nos recuerda que nadie está llamado a vivir la fe en soledad. Formamos parte de una familia espiritual cuya piedra fundamental es Jesucristo. Aunque somos diferentes, Dios nos invita a construir juntos una comunidad donde haya respeto, acogida y solidaridad.
En la fiesta de los apóstoles Simón y Judas, pidamos la gracia de ser piedras vivas de una Iglesia que escucha, acompaña y sirve. La unidad no significa pensar siempre igual, sino caminar juntos en el amor de Cristo.
R. A toda la tierra alcanza su pregón.
Los cielos proclaman la gloria de Dios y el firmamento anuncia la obra de sus manos. Un día transmite el mensaje al siguiente, y una noche comunica su sabiduría a la otra.
R. A toda la tierra alcanza su pregón.
No necesitan palabras ni discursos que se puedan escuchar: su mensaje se extiende por toda la tierra y llega hasta los confines del mundo.
R. A toda la tierra alcanza su pregón.
Paráfrasis original del salmo para la meditación.
Meditación del salmo
La creación anuncia silenciosamente la grandeza de Dios. Del mismo modo, los apóstoles llevaron el Evangelio más allá de sus propios lugares. Nosotros también podemos anunciar al Señor con nuestra manera de vivir: una palabra de esperanza, un gesto de bondad o una ayuda sincera pueden hablar de Dios a quienes nos rodean.
Aclamación antes del Evangelio
Aleluya, aleluya. A Ti, oh Dios, te alabamos; a Ti, Señor, te reconocemos. El coro glorioso de los apóstoles te alaba. Aleluya.
Evangelio
Lectura del santo Evangelio según san Lucas (6, 12-19)
En aquellos días, Jesús se retiró a la montaña para orar y pasó la noche entera en oración a Dios. Al amanecer llamó a sus discípulos y eligió a doce, a quienes dio el nombre de apóstoles: Simón, llamado Pedro, y su hermano Andrés; Santiago y Juan; Felipe y Bartolomé; Mateo y Tomás; Santiago, hijo de Alfeo, y Simón, llamado el Zelote; Judas, hijo de Santiago, y Judas Iscariote, que llegó a ser el traidor.
Después bajó con ellos y se detuvo en un lugar llano. Había una multitud de discípulos y personas llegadas de Judea, Jerusalén y de las regiones costeras de Tiro y Sidón. Habían venido para escucharlo y para ser curadas de sus enfermedades. También quienes sufrían por espíritus impuros encontraban alivio.
Toda la gente intentaba tocarlo, porque de Él salía una fuerza que sanaba a todos.
Paráfrasis pastoral de Lucas 6, 12-19.
Reflexión de la lectura
Vuelve a leer con calma la lectura de hoy. Detente en la frase que más te hable y pregúntate qué invitación concreta te hace Dios para esta jornada.
Reflexión del salmo
Repite despacio la respuesta del salmo y conviértela en oración. Deja que sus palabras acompañen tus preocupaciones, agradecimientos y decisiones de hoy.
Reflexión sobre el Evangelio
Antes de elegir a los doce apóstoles, Jesús pasa la noche en oración. Esta escena nos enseña que las decisiones importantes necesitan silencio, discernimiento y confianza en Dios. La misión de los apóstoles nace de una relación profunda con el Padre.
Entre los elegidos están Simón el Zelote y Judas, hijo de Santiago, a quienes hoy celebramos. Jesús reúne a personas con historias y temperamentos distintos y las llama a trabajar por un mismo Reino. También nosotros, con nuestras fortalezas y limitaciones, podemos servir al Señor.
El Evangelio termina con una multitud que busca a Jesús para escuchar su palabra y recibir alivio. Que nuestras comunidades sean igualmente lugares donde quienes sufren encuentren acogida, escucha y esperanza.
Para la proclamación litúrgica, utilizar el leccionario católico aprobado. Paráfrasis y reflexiones originales de Oraciones Milagrosas con Fe.