Salmo 90 (91)
R/. A sus ángeles ha dado órdenes para que te guarden en tus caminos.
Tú que habitas al amparo del Altísimo
y resides a la sombra del Omnipotente,
di al Señor: «Mi refugio y mi fortaleza,
Dios mío, en quien confío».
R/. A sus ángeles ha dado órdenes para que te guarden en tus caminos.
Él te librará de la red del cazador
y de la peste funesta.
Te cubrirá con sus plumas,
y bajo sus alas encontrarás refugio.
Su fidelidad será tu escudo y protección.
R/. A sus ángeles ha dado órdenes para que te guarden en tus caminos.
No temerás el terror de la noche,
ni la flecha que vuela de día,
ni la peste que avanza en las tinieblas,
ni la plaga que devasta a pleno día.
R/. A sus ángeles ha dado órdenes para que te guarden en tus caminos.
No podrá alcanzarte la desgracia,
ni la plaga acercarse a tu morada,
porque dará órdenes a sus ángeles
para que te guarden en todos tus caminos.
R/. A sus ángeles ha dado órdenes para que te guarden en tus caminos.
Reflexión del Salmo
El Salmo 90 es una hermosa oración de confianza y protección. Nos recuerda que nuestra seguridad más profunda no depende únicamente de nuestras propias fuerzas, sino de saber que Dios permanece cerca de nosotros.
La imagen de habitar «al amparo del Altísimo» expresa esa confianza de quien encuentra refugio en Dios incluso cuando atraviesa momentos de miedo, incertidumbre o dificultad.
En la memoria de los Santos Ángeles Custodios, las últimas palabras adquieren un significado especial: Dios «dará órdenes a sus ángeles para que te guarden en todos tus caminos». No significa que nuestra vida estará libre de problemas, sino que no tenemos que recorrer solos nuestros caminos.
También es significativo que el salmista repita: «Dios mío, en quien confío». La confianza en Dios no consiste solamente en pedir que nos libre de aquello que tememos. También significa poner nuestra vida en sus manos cuando todavía no conocemos la respuesta o el camino que tenemos por delante.
Hoy podemos recordar especialmente a nuestro Ángel Custodio y agradecer a Dios por su cuidado. Podemos pedirle que nos ayude a reconocer aquello que nos conduce hacia el bien, alejarnos de lo que pueda hacernos daño y mantener nuestro corazón cerca del Señor.
Que esta oración nos acompañe durante el día y, especialmente en los momentos de preocupación, podamos repetir con serenidad:
«Mi refugio y mi fortaleza, Dios mío, en quien confío».