La Iglesia católica en Colombia hizo un llamado urgente a detener la violencia y proteger a la población civil ante los nuevos ataques registrados en el sur del Chocó, donde varias comunidades vuelven a vivir momentos de miedo e incertidumbre.
La preocupación se intensificó después de los ataques ocurridos en municipios de la subregión del San Juan. Este 1 de octubre, la Conferencia Episcopal de Colombia y Cáritas Colombiana se sumaron al llamado realizado por la Diócesis de Istmina-Tadó y pidieron que la vida de la población esté por encima de las armas y de cualquier interés en disputa.
Un ataque mientras la comunidad se preparaba para celebrar la Eucaristía
Uno de los hechos que provocó especial preocupación ocurrió el miércoles 30 de septiembre en Nóvita.
Alrededor de las 10 de la mañana, mientras la comunidad se disponía a iniciar la celebración de la Eucaristía por la fiesta patronal de San Jerónimo, se produjo un ataque contra la estación de Policía mediante drones y armas de largo alcance.
Según la información recogida por la Conferencia Episcopal de Colombia, fueron lanzadas seis granadas desde drones y también resultaron afectadas instalaciones militares.
No se reportaron personas heridas.
Para la Diócesis de Istmina-Tadó, el hecho resulta especialmente preocupante porque ocurrió dentro del casco urbano y mientras los habitantes se preparaban para participar en una celebración religiosa.
El obispo de Istmina-Tadó pide detener la violencia
Monseñor Mario de Jesús Álvarez Gómez, obispo de Istmina-Tadó, expresó desde Nóvita su preocupación por la situación que atraviesan las comunidades.
El prelado pidió detener las acciones violentas y buscar soluciones mediante el diálogo y la construcción de paz.
También solicitó al Gobierno colombiano priorizar la protección de las poblaciones afectadas.
Durante los últimos días se han registrado hechos violentos en localidades como Tadó, Río Iró, Sipí, Condoto y Nóvita, generando temor e incertidumbre entre sus habitantes.
Nuevos ataques en Santa Rita de Iró
La preocupación no terminó con lo ocurrido en Nóvita.
Durante la mañana de este jueves 1 de octubre también se registraron explosiones provocadas por artefactos lanzados mediante drones contra la estación de Policía de Santa Rita de Iró, cabecera municipal de Río Iró.
El padre Ernesto Zapata, vicario general de la Diócesis de Istmina-Tadó, informó que se habían producido varios ataques con aeronaves no tripuladas.
En ese momento todavía no existía información confirmada sobre posibles personas heridas.
La población de Santa Rita de Iró, de aproximadamente 4.000 habitantes, ya había sufrido ataques similares meses atrás.
Conferencia Episcopal y Cáritas se unen al llamado
Horas después, la Conferencia Episcopal de Colombia y el Secretariado Nacional de Pastoral Social-Cáritas Colombiana emitieron un pronunciamiento conjunto ante la situación.
Ambas instituciones manifestaron su preocupación por la extensión de las hostilidades hacia zonas pobladas y por el empleo de artefactos explosivos que ponen en riesgo la vida y la integridad de los habitantes.
El mensaje recuerda un principio fundamental: incluso en medio de una confrontación armada, la dignidad de cada persona debe ser respetada.
Por ello, la Iglesia pidió a los actores armados respetar estrictamente el Derecho Internacional Humanitario, particularmente las medidas destinadas a proteger a la población civil.
“¿Dónde está tu hermano?”
El comunicado de la Iglesia colombiana recupera una de las preguntas más conocidas del libro del Génesis: “¿Dónde está tu hermano?”
La pregunta sirve para recordar que ninguna confrontación puede justificar la indiferencia ante el sufrimiento de las comunidades.
La vida humana no puede convertirse en un instrumento para alcanzar objetivos políticos, militares o estratégicos.
Para la Iglesia, proteger a las personas debe permanecer siempre por encima de cualquier interés en disputa.
Garantizar ayuda humanitaria a las comunidades
La Iglesia también pidió que se garantice el acceso seguro de quienes prestan asistencia humanitaria.
La Misión Médica, las organizaciones humanitarias y la propia Iglesia necesitan poder llegar a los territorios afectados para brindar ayuda.
Esa asistencia puede incluir atención médica, alimentos, acompañamiento psicosocial y medidas de protección para quienes atraviesan situaciones de desplazamiento, confinamiento o restricciones de movilidad.
Desde las diócesis, parroquias y equipos de Pastoral Social se mantiene el acompañamiento a las comunidades.
Comunidades que ya enfrentaban otras dificultades
La situación resulta todavía más delicada porque varias de estas poblaciones ya atravesaban un proceso difícil.
Las localidades del sur del Chocó fueron afectadas por el terremoto ocurrido el pasado 10 de agosto, que dejó numerosas viviendas con daños estructurales.
Muchas familias continúan esperando los procesos de recuperación y reconstrucción.
La nueva escalada de violencia aumenta así la vulnerabilidad de comunidades que ya afrontaban importantes dificultades.
La Iglesia insiste en abrir caminos de diálogo
Ante este panorama, la Iglesia colombiana reiteró que la violencia no debería convertirse en parte habitual de la vida de estas poblaciones.
La Diócesis de Istmina-Tadó ha acompañado durante años a comunidades afectadas por confrontaciones, desplazamientos y restricciones a la movilidad.
Ahora vuelve a pedir que se silencien las armas y se abran caminos de diálogo.
Para quienes viven en estos territorios, la paz no es una idea lejana. Significa poder salir de casa sin miedo, reunirse como comunidad, celebrar la fe, trabajar y permitir que los niños crezcan sin acostumbrarse al sonido de la violencia.
La Iglesia continuará acompañando a estas comunidades y recuerda que la vida humana debe permanecer siempre por encima de las armas y de cualquier interés en disputa.
Fuente: Conferencia Episcopal de Colombia y Pastoral Social-Cáritas Colombiana.