La Red CLAMOR, organismo eclesial dedicado al acompañamiento de migrantes, refugiados, desplazados y víctimas de trata en América Latina y el Caribe, llevó ante espacios de consulta de ACNUR una petición clara: escuchar directamente a las personas que han tenido que abandonar sus países y evitar los discursos que presentan la migración únicamente como un problema.
La iniciativa puso en primer plano las experiencias de personas refugiadas y solicitantes de asilo, quienes compartieron las dificultades que encuentran al intentar comenzar una nueva vida lejos de sus lugares de origen.
La Iglesia latinoamericana insiste así en la necesidad de mirar primero a la persona, reconocer su dignidad y comprender las circunstancias que existen detrás de cada historia de migración.
La voz de los refugiados llega ante ACNUR
Elvy Monzant, secretario ejecutivo de la Red CLAMOR, explicó que la participación en estos espacios permitió llevar las experiencias y preocupaciones de personas refugiadas y solicitantes de asilo.
Uno de los objetivos es construir una mirada diferente frente a los discursos que reducen la migración a cifras, fronteras o problemas de seguridad.
Detrás de cada desplazamiento existen historias personales y familiares marcadas muchas veces por la violencia, la pobreza, la persecución, la falta de oportunidades o la necesidad de proteger a los hijos.
Por ello, escuchar directamente a quienes han vivido estas situaciones permite comprender mejor la realidad de la movilidad humana.
Migrantes enfrentan barreras para reconstruir sus vidas
Las personas refugiadas y solicitantes de asilo no encuentran siempre un camino sencillo cuando llegan a otro país.
Entre los desafíos señalados aparecen dificultades relacionadas con los documentos, el reconocimiento de su situación, el acceso a oportunidades y los procesos necesarios para integrarse plenamente en las comunidades de acogida.
A estos obstáculos pueden sumarse la discriminación y los prejuicios.
Cuando una persona migrante es presentada únicamente como una amenaza o una carga, se corre el riesgo de olvidar su historia y su dignidad.
La Red CLAMOR busca precisamente ofrecer una contranarrativa frente a esas percepciones.
La Iglesia pide mirar primero a la persona
Para la pastoral de movilidad humana, acompañar a los migrantes no significa ignorar los desafíos que los procesos migratorios pueden plantear a los países.
Significa reconocer que cualquier respuesta debe comenzar respetando la dignidad humana.
La Iglesia latinoamericana ha insistido en cuatro acciones fundamentales frente a las personas en movilidad: acoger, proteger, promover e integrar.
Estas acciones buscan que quienes se han visto obligados a dejar su hogar puedan encontrar condiciones que les permitan reconstruir sus vidas con seguridad y esperanza.
Escuchar antes de juzgar
Uno de los aportes más importantes de estos espacios es permitir que las propias personas refugiadas expliquen qué han vivido.
Escuchar sus testimonios puede ayudar a superar generalizaciones.
Cada migrante tiene una historia diferente. Algunos abandonaron su país por amenazas; otros por crisis económicas o sociales; muchas familias emprendieron el viaje buscando un futuro más seguro para sus hijos.
Conocer esas historias permite comprender que la movilidad humana no puede analizarse únicamente desde estadísticas.
Detrás de cada número existe una persona.
Una Iglesia cercana a quienes dejan su hogar
Red CLAMOR reúne iniciativas eclesiales de América Latina y el Caribe que trabajan con migrantes, refugiados, desplazados y víctimas de trata.
Su labor se desarrolla en fronteras, comunidades de acogida y lugares de tránsito donde muchas personas necesitan orientación y acompañamiento.
En los últimos días, la red también ha llamado especialmente la atención sobre la situación de los niños y adolescentes migrantes, quienes pueden quedar expuestos a violencia, explotación, falta de atención sanitaria, dificultades educativas y separación familiar.
La preocupación por ellos recuerda que los procesos migratorios afectan de manera especialmente dura a quienes se encuentran en situaciones de mayor vulnerabilidad.
La acogida también puede ser una forma de vivir la fe
Para los cristianos, el encuentro con una persona migrante plantea además una pregunta profundamente evangélica: ¿cómo tratamos a quien llega necesitando ayuda?
La respuesta puede comenzar con acciones sencillas.
Evitar expresiones discriminatorias, escuchar sin prejuicios, orientar a una familia que necesita ayuda o colaborar con organizaciones que acompañan a personas refugiadas son formas concretas de construir comunidades más acogedoras.
No todas las personas pueden trabajar directamente en una frontera o en un centro de atención a migrantes, pero todas pueden contribuir a crear una cultura en la que nadie sea rechazado simplemente por su lugar de origen.
Dejar de ver al migrante como un problema
La presencia de Red CLAMOR ante ACNUR busca precisamente cambiar esa mirada.
La migración plantea desafíos reales para las sociedades, pero las respuestas no deberían borrar el rostro de quienes atraviesan esas situaciones.
Escuchar sus historias permite recordar que muchas personas no abandonan su hogar porque lo desean, sino porque consideran que hacerlo es la única posibilidad para proteger su vida o construir un futuro mejor.
La Iglesia latinoamericana invita por ello a sustituir el miedo y la indiferencia por escucha, solidaridad y acompañamiento.
Porque antes que migrante, refugiado o solicitante de asilo, hay una persona cuya dignidad no termina al cruzar una frontera.
Fuente: ADN CELAM – Red CLAMOR.