Evangelio de hoy 30 de septiembre de 2026
En aquel tiempo, mientras iban de camino Jesús y sus discípulos, alguien le dijo:
«Te seguiré a donde quiera que vayas».
Jesús le respondió:
«Las zorras tienen madrigueras y los pájaros, nidos; pero el Hijo del hombre no tiene en dónde reclinar la cabeza».
A otro, Jesús le dijo:
«Sígueme».
Pero él le respondió:
«Señor, déjame ir primero a enterrar a mi padre».
Jesús le replicó:
«Deja que los muertos entierren a sus muertos. Tú ve y anuncia el Reino de Dios».
Otro le dijo:
«Te seguiré, Señor; pero déjame primero despedirme de mi familia».
Jesús le contestó:
«El que empuña el arado y mira hacia atrás, no sirve para el Reino de Dios».
Palabra del Señor.
Reflexión de la lectura
Vuelve a leer con calma la lectura de hoy. Detente en la frase que más te hable y pregúntate qué invitación concreta te hace Dios para esta jornada.
Reflexión del salmo
Repite despacio la respuesta del salmo y conviértela en oración. Deja que sus palabras acompañen tus preocupaciones, agradecimientos y decisiones de hoy.
Reflexión del Evangelio
El Evangelio presenta tres encuentros con personas que desean seguir a Jesús. Cada una manifiesta buena disposición, pero también aparecen condiciones, seguridades o asuntos que quieren resolver primero.
Jesús les muestra que seguirlo exige una decisión auténtica. No se trata simplemente de admirar sus enseñanzas, sino de permitir que el Evangelio oriente nuestras prioridades y nuestra manera de vivir.
La expresión del arado es especialmente significativa. Quien trabaja la tierra necesita mirar hacia adelante para mantener recto el camino. Del mismo modo, Jesús nos invita a no vivir permanentemente atrapados en aquello que dejamos atrás.
Esto no significa olvidar nuestra historia ni nuestras responsabilidades. Es una llamada a preguntarnos qué ocupa realmente el primer lugar en nuestro corazón.
Hoy podemos preguntarnos: ¿qué me está impidiendo avanzar con mayor confianza en mi camino con Dios?
Pidamos al Señor la libertad necesaria para seguirlo con decisión, sin miedo y sin poner continuamente condiciones a su llamada.