La Iglesia en el Perú celebra un aniversario especialmente significativo: 50 años de la canonización de San Juan Macías, religioso dominico cuya vida estuvo marcada por la oración, la caridad y una profunda cercanía con los pobres.
San Juan Macías fue canonizado por san Pablo VI el 28 de septiembre de 1975. Medio siglo después, su testimonio continúa vivo entre los fieles y vuelve a ponerse en primer plano con las celebraciones conmemorativas que recuerdan su legado espiritual.
Un jubileo por los 50 años de su canonización
La Iglesia peruana conmemora este importante aniversario con actividades destinadas a recordar la vida y obra de San Juan Macías, una figura profundamente vinculada a la historia religiosa del Perú y, particularmente, de Lima.
El jubileo permite redescubrir un mensaje que mantiene plena actualidad: una fe que no se limita a la oración, sino que se convierte en servicio concreto, generosidad y cercanía con quienes más lo necesitan.
Las celebraciones impulsadas en torno al cincuentenario buscan también acercar a las nuevas generaciones a la figura de este santo, recordando su profunda devoción y su incansable atención a los pobres.
San Juan Macías: el santo que hizo de la caridad una forma de vida
Juan Macías nació en Ribera del Fresno, España, en 1585. Tras llegar al Perú, ingresó a la Orden de Predicadores y desarrolló gran parte de su vida religiosa en Lima.
En el convento dominico de Santa María Magdalena desempeñó el humilde oficio de portero. Sin embargo, desde ese lugar aparentemente sencillo desarrolló una extraordinaria labor de servicio.
Personas necesitadas acudían buscando alimento, ayuda o consuelo, y Juan Macías procuraba atenderlas con generosidad. Su cercanía con los pobres se convirtió en uno de los rasgos más recordados de su vida.
Su profunda devoción al Santo Rosario
Junto con su intensa labor caritativa, San Juan Macías cultivó una profunda vida de oración.
El Santo Rosario ocupó un lugar especial en su espiritualidad. La tradición católica recuerda su constante oración por las almas del purgatorio, una devoción que contribuyó a que fuera conocido popularmente como el “ladrón del purgatorio”.
Su vida logró unir dos dimensiones esenciales de la espiritualidad cristiana: la contemplación y el servicio.
Rezaba profundamente, pero esa oración se transformaba después en gestos concretos de amor hacia quienes acudían a él.
Una figura muy querida por la Iglesia en el Perú
San Juan Macías murió en Lima el 16 de septiembre de 1645.
Su fama de santidad continuó creciendo después de su muerte. Fue beatificado por el papa Gregorio XVI en 1837 y, finalmente, canonizado por san Pablo VI el 28 de septiembre de 1975.
Por ello, este 28 de septiembre se cumplen exactamente 50 años de aquella histórica canonización.
La conmemoración ofrece una oportunidad especial para que los fieles vuelvan a descubrir la sencillez de su camino hacia la santidad.
Oración, caridad y servicio a quienes más lo necesitan
Uno de los aspectos que hacen especialmente actual el testimonio de San Juan Macías es la sencillez con la que vivió su fe.
No necesitó ocupar posiciones importantes para dejar una huella profunda. Desde la portería de un convento convirtió cada encuentro con una persona necesitada en una oportunidad para servir.
Su testimonio une tres elementos que continúan teniendo un profundo significado para los cristianos: la confianza en Dios, la oración perseverante y la atención a los más vulnerables.
En un tiempo marcado por situaciones de pobreza, soledad y dificultad, su ejemplo recuerda que la fe también se manifiesta en nuestra capacidad para reconocer, escuchar y acompañar al prójimo.
50 años de una canonización que hizo historia
Cinco décadas después de su canonización, San Juan Macías continúa ocupando un lugar especial en la historia de la Iglesia en el Perú.
Este aniversario no representa solamente el recuerdo de un acontecimiento ocurrido en 1975. Es también una invitación a mantener vivo el legado de un hombre que encontró a Dios tanto en el silencio de la oración como en el rostro de los más necesitados.
Su vida demuestra que los pequeños actos de generosidad, realizados con amor y constancia, también pueden convertirse en un camino hacia la santidad.
Fuente: Conferencia Episcopal Peruana – Noticias de la Iglesia en el Perú.