Lecturas lunes 17 agosto 2026
Primera lectura: Ezequiel 24, 15-24
15. Y fué á mí palabra de Señor, diciendo:
16. Hijo del hombre, he aquí que yo te quito de golpe el deseo de tus ojos: no endeches, ni llores, ni corran tus lágrimas.
17. Reprime el suspirar, no hagas luto de mortuorios: ata tu bonete sobre ti, y pon tus zapatos en tus pies, y no te cubras con rebozo, ni comas pan de hombres.
18. Y hablé al pueblo por la mañana, y á la tarde murió mi mujer: y á la mañana hice como me fué mandado.
19. Y díjome el pueblo: ¿No nos enseñarás qué significan para nosotros estas cosas que tú haces?
20. Y yo les dije: Palabra de Señor fué á mí, diciendo:
21. Di á la casa de Israel: Así ha dicho el Señor Señor: He aquí yo profano mi santuario, la gloria de vuestra fortaleza, el deseo de vuestros ojos, y el regalo de vuestra alma: y vuestros hijos y vuestras hijas que dejasteis, caerán á cuchillo.
22. Y haréis de la manera que yo hice: no os cubriréis con rebozo, ni comeréis pan de hombres;
23. Y vuestros bonetes estarán sobre vuestras cabezas, y vuestros zapatos en vuestros pies: no endecharéis ni lloraréis, mas os consumiréis á causa de vuestras maldades, y gemiréis unos con otros.
24. Ezequiel pues os será por señal; según todas las cosas que él hizo, haréis: en viniendo esto, entonces sabréis que yo soy el Señor Señor.
Palabra de Dios.
Texto bíblico: Reina-Valera 1909, edición de dominio público.
Respuesta: Abandonaron a Dios, que les dio la vida.
18. De la Roca que te crió te olvidaste: haste olvidado del Dios tu criador.
19. Y viólo Señor, y encendióse en ira, por el menosprecio de sus hijos y de sus hijas.
20. Y dijo: Esconderé de ellos mi rostro, veré cuál será su postrimería: que son generación de perversidades, hijos sin fe.
21. Ellos me movieron á celos con lo que no es Dios; hiciéronme ensañar con sus vanidades: yo también los moveré á celos con un pueblo que no es pueblo, con gente insensata los haré ensañar.
Texto bíblico: Reina-Valera 1909, edición de dominio público.
16. Y he aquí, uno llegándose le dijo: Maestro bueno, ¿qué bien haré para tener la vida eterna?
17. Y él le dijo: ¿Por qué me llamas bueno? Ninguno es bueno sino uno, es á saber, Dios: y si quieres entrar en la vida, guarda los mandamientos.
18. Dícele: ¿Cuáles? Y Jesús dijo: No matarás: No adulterarás: No hurtarás: No dirás falso testimonio:
19. Honra á tu padre y á tu madre: y, Amarás á tu prójimo como á ti mismo.
20. Dícele el mancebo: Todo esto guardé desde mi juventud: ¿qué más me falta?
21. Dícele Jesús: Si quieres ser perfecto, anda, vende lo que tienes, y da á los pobres, y tendrás tesoro en el cielo; y ven, sígueme.
22. Y oyendo el mancebo esta palabra, se fué triste, porque tenía muchas posesiones.
Palabra del Señor.
Texto bíblico: Reina-Valera 1909, edición de dominio público.
Reflexión de la lectura
La experiencia de Ezequiel es dolorosa y difícil. El profeta se convierte, incluso en su propio sufrimiento, en una señal para su pueblo.
Hay dolores que no entendemos de inmediato. La fe no exige fingir que no duelen, sino buscar cómo atravesarlos sin perder completamente el sentido, la dignidad ni la confianza en Dios.
Reflexión del salmo
El cántico advierte sobre el peligro de olvidar la fuente de la vida. Cuando creemos que todo depende únicamente de nosotros, podemos terminar poniendo otras cosas en el lugar de Dios.
Recordar no es solo mirar al pasado; es volver a ordenar el presente.
Reflexión del Evangelio
El joven cumple muchas cosas buenas, pero descubre que su corazón todavía está demasiado atado a sus posesiones. Jesús no desprecia los bienes; señala aquello que puede impedirnos ser libres para seguirlo.
Todos tenemos algún “tesoro” que puede ocupar demasiado espacio: dinero, seguridad, prestigio o control. La pregunta es si lo poseemos nosotros o si eso termina poseyéndonos.