Lecturas domingo 16 agosto 2026
Primera lectura: Isaías 56, 1. 6-7
1. Así dijo Señor: Guardad derecho, y haced justicia: porque cercana está mi salud para venir, y mi justicia para manifestarse.
6. Y á los hijos de los extranjeros que se allegaren á Señor para ministrarle, y que amaren el nombre de Señor para ser sus siervos: á todos los que guardaren el sábado de profanarlo, y abrazaren mi pacto,
7. Yo los llevaré al monte de mi santidad, y los recrearé en mi casa de oración; sus holocaustos y sus sacrificios serán aceptos sobre mi altar; porque mi casa, casa de oración será llamada de todos los pueblos.
Palabra de Dios.
Segunda lectura: Romanos 11, 13-15. 29-32
13. Porque á vosotros hablo, Gentiles. Por cuanto pues, yo soy apóstol de los Gentiles, mi ministerio honro,
14. Por si en alguna manera provocase á celos á mi carne, é hiciese salvos á algunos de ellos.
15. Porque si el extrañamiento de ellos es la reconciliación del mundo, ¿qué será el recibimiento de ellos, sino vida de los muertos?
29. Porque sin arrepentimiento son las mercedes y la vocación de Dios.
30. Porque como también vosotros en algún tiempo no creísteis á Dios, mas ahora habéis alcanzado misericordia por la incredulidad de ellos;
31. Así también éstos ahora no han creído, para que, por la misericordia para con vosotros, ellos también alcancen misericordia.
32. Porque Dios encerró á todos en incredulidad, para tener misericordia de todos.
Palabra de Dios.
Textos bíblicos: Reina-Valera 1909, edición de dominio público. La numeración del salmo puede variar entre ediciones.
Respuesta: Oh Dios, que te alaben todos los pueblos.
Dios tenga misericordia de nosotros, y nos bendiga; haga resplandecer su rostro sobre nosotros.
Para que sea conocido en la tierra tu camino, en todas las gentes tu salud.
Alégrense y gócense las gentes; porque juzgarás los pueblos con equidad, y pastorearás las naciones en la tierra.
Alábente los pueblos, oh Dios; todos los pueblos te alaben.
Bendíganos Dios, y témanlo todos los términos de la tierra.
21. Y saliendo Jesús de allí, se fué á las partes de Tiro y de Sidón.
22. Y he aquí una mujer Cananea, que había salido de aquellos términos, clamaba, diciéndole: Señor, Hijo de David, ten misericordia de mí; mi hija es malamente atormentada del demonio.
23. Mas él no le respondió palabra. Entonces llegándose sus discípulos, le rogaron, diciendo: Despáchala, pues da voces tras nosotros.
24. Y él respondiendo, dijo: No soy enviado sino á las ovejas perdidas de la casa de Israel.
25. Entonces ella vino, y le adoró, diciendo: Señor, socórreme.
26. Y respondiendo él, dijo: No es bien tomar el pan de los hijos, y echarlo á los perrillos.
27. Y ella dijo: Sí, Señor; mas los perrillos comen de las migajas que caen de la mesa de sus señores.
28. Entonces respondiendo Jesús, dijo: Oh mujer, grande es tu fe; sea hecho contigo como quieres. Y fué sana su hija desde aquella hora.
Palabra del Señor.
Texto bíblico: Reina-Valera 1909, edición de dominio público.
Reflexión de la lectura
Isaías abre la casa de oración a todos los pueblos y san Pablo contempla una misericordia que alcanza a todos. La fe no puede convertirse en un espacio cerrado donde solo caben quienes se parecen a nosotros.
La Palabra nos invita a unir justicia y acogida. Podemos preguntarnos si nuestras comunidades, familias y actitudes ayudan a otros a acercarse a Dios o, por el contrario, levantan barreras innecesarias.
Reflexión del salmo
El salmo convierte la bendición recibida en deseo de bendición para todas las naciones. No pedimos el bien solamente para nosotros.
Agradecer lo que Dios nos da puede ensanchar el corazón para pedir también por personas y pueblos distintos de los nuestros.
Reflexión del Evangelio
La mujer cananea no se deja vencer por el silencio ni por las barreras. Su amor por su hija y su confianza la mantienen delante de Jesús.
Su perseverancia nos enseña a seguir presentando nuestras necesidades a Dios sin convertir la espera en desesperanza. También nos recuerda que la fe puede aparecer con una fuerza sorprendente allí donde menos la esperamos.